Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de agosto de 2009

Tribulaciones jamoneras

En un país donde los jueces se creen Dios pero comenten tremendos errores humanos; donde la izquierda roba y se hunde, pero en cambio la derecha, si roba, soborna, engaña, compra y vende, es perdonada y premiada con réditos electorales y archivos de causas judiciales; donde no dimiten los políticos; donde los ERE's están a la orden del día y la tasa de paro bate el récord de Europa; donde la clase empresarial insiste en que el despido libre es la panacea a todos los problemas a pesar de que ellos jamás han pensado en recortarse el sueldo o sus beneficios; donde unos locos asesinan personas en nombre de un abstracto concepto de patria y los hipócritas matan culturas y lenguas en nombre de otro concepto llamado España; donde la palabra "libertad" ha perdido su sentido original; donde la catalanofobia se ha convertido en una xenofobia sutil y amplimente aceptada; donde el toro se ha transformado en una estúpida seña de orgullo nacional mientras que se le sigue torturando en las plazas; donde la Monarquía se considera un adelanto y la República un atraso; donde los nuevos dioses cobran cantidades vegonzosas y vergonzantes de dinero cuando los ficha un nuevo equipo de fútbol; donde la Iglesia Católica, supuestamente al lado de los niños, echa la vista gorda ante los abusos de sus curas; donde esta misma Iglesia ataca a las mujeres por luchar por sus derechos y a las familias, a las que dice defender, si éstas se atreven a sacar los pies del tiesto heterosexual, tradicional y Ppero (*); donde las víctimas son de primera, de segunda, de tercera o de cuarta categoría dependiendo de si han muerto en un atentado de determinado grupo terrorista, de otros grupos terrositas, de accidentes de avión o de acidentes en la carretera; donde lo único importante es el pan y circo; donde los noticieros de la televisión viven de sucesos y fútbol; donde la mentira es el pan nuestro de cada día; donde los grupos de neonazis se pasean tan campantes por las calles sin apenas represalias policiales; donde unos son santos y otros son demonios; donde no existe el mismo rasero; donde siempre la pagan los más pobres y débiles mientras que los ricos se salen con la suya; donde se explota a los becarios aunque estén licenciados y ya tengan "los cojones negros"; donde la investigación científica se valora poco y la cultura todavía menos; donde no importa saber escribir bien o el interés por los libros; donde se critica el cine propio no por lo que es, sino por lo que no es; donde sus habitantes hablan fatal otros idiomas extranjeros y, a veces, hasta alardean de ello; donde las políticas sociales están a la cola de Europa; donde los jóvenes no se pueden independizar hasta los treinta y pico y reproducirse hasta los treintaitantos; donde la especulación se ha comido las costas sin piedad y los responsables no han sido castigados y donde dicha especulación calcina hectáreas y hectáreas de naturaleza cada año; donde el precio de los pisos, aunque baje, nunca será proporcional a los ingresos de las personas que los pagan y donde dichos ingresos nunca van a subir lo suficiente para compensarlo. Un país en el cual, en definitiva, apesta vivir si no fuera por algunos de los pocos placeres que a veces nos provoca y que hacen que cuando estás lejos, eches de menos el suelo de esta tierra llamada España: Se trata del jamón.

Sí señores, el jamón serrano -junto con el aceite de oliva- es el producto nacional por antonomasia y una de las pocas cosas en la que coincidimos la mayoría de la población española (y quien dice española, dice también vasca, gallega y catalana). Porque por alguna extraña razón, cuando viene alguien de fuera y osa a cuestionar las exquisiteces de este manjar, sacamos las garras, saltamos como fieras y tras devorarnos al guiri de turno, nos rasgamos las vestiduras.

Hasta hace unos pocos días servidora no había caído en este pequeño detalle, pero el viernes pasado una amiga escocesa le hizo ver la luz:

- ¿A tí te gusta... el jamón? -Preguntó en un susurro casi inaudible.
- ¿A mí?, ¿por qué no me iba a gustar?, claro que me gusta.
- Pero... ¿y qué opinas de que a alguien no le guste? -Dijo dubitativa.
- ¿Ein?
- Sí, ¿te molesta?
- ¿Por qué me iba a molestar?
- Ah, ¿no te molesta?
- No.
- ¡Pues entonces eres una persona con la mente muy abierta!

Que decir que a mí esto me dejó más que desconcertada. ¿Con la mente muy abierta?, ¿por qué?, ¿qué hay de malo en que a alguien no le guste el jamón?, pregunté. Y fue entonces cuando lo entendí:

- Es que a los españoles, si se os dice que a uno no le gusta el jamón, os ponéis como fieras.

Cierto. Y cuando me explicó las razones de por qué había extranjeros a los que no les gustaba o, al menos, no les apasionaba el jamón, yo casi me la como. Porque sí señores, el jamón es una cuestión sagrada, un símbolo patriótico mucho más fuerte y más arraigado que el idioma, la bandera, el toro de Osborne o las fronteras.

El jamón y el aceite de oliva, claro.

(*) Ppero = Palabra con connotaciones negativas que es utilizada por la izquierda española y los nacionalismos catalán, vasco y gallego para designar a los votantes del Partido Popular (PP).

martes, 12 de mayo de 2009

Pecker, luminoso

Probablemente, queridos lectores, no hayáis oído hablar en vuestra vida de un cantante español llamado "Pecker". Yo tampoco... hasta hace poco más de un par de semanas, cuando me dijeron que tenía que hacerle una entrevista para el nuevo número de Experpento.

Tengo que confesar que al principio, nada más oír el "la, la, la" casi a capella que suena en el primer acorde de "Supernova", el primer single del disco, pensé: "joer, otro tecno-pop tostón de esos". Pero según iba escuchando el resto del álbum me fui dando cuenta de que me iba gustando más y más: Las melodías son alegres, las letras son -en general- bastante optimistas y la mezcla entre ambas está perfectamente conseguida. Todo ello le confiere una luminosidad, un halo especial... pues, como él mismo afirma, le gusta que "siempre se vea la luz al otro lado".

Al menos a mí me ha llegado (incluso fui al concierto que dio el pasado día 6 de mayo aquí en Madrid, en la sala Costello) y hasta que no se me pase la furia, me da que me voy a tirar unos cuantos días más de "la, la, la" (Dios mío, que massielano me ha quedado eso...).

Cabe añadir, además, que el tipo es muy simpático por lo que me hizo muy fácil el trabajo, algo que siempre es de agradecer.

Me ha gustado mucho cómo me ha quedado la entrevista de este mes. Aquí os dejo los enlaces oportunos:

- En versión on-line.
- En versión pdf (que, aunque "caduca" con el siguiente número, me gusta más porque sale una información extra sobre su relación con The Pinker Tones y más fotitos)

Y de paso, un vídeo:

lunes, 20 de abril de 2009

¡Nuevo 'Experpento'!

Ya ha salido el número de abril de la revista en la que colaboro, una de las pocas cosas aprovechables que estoy haciendo en mi año de paro (maldita crisis...):

- Versión en línea chula, aquí.

- PDF bonito, aquí.

Firmo una entrevista a La Bien Querida y una crítica a la españolada a lo American Pie 'Fuga de Cerebros', la cual estará próximamente en sus mejores -o peores- cines.


jueves, 8 de enero de 2009

No alquiles un piso en el Reino Unido (ni en ninguna parte) por Internet si...


... - Si la casa parece grande y bien situada y el precio es demasiado barato en comparación con el resto.
- Si no sientes la necesidad de quitarte el abrigo nada más llegar.
- Si al llegar, el landlord casi no te deja ver el baño.
- Si, de entrada, los compañeros de piso no parecen normales. A veces las apareciencias NO engañan.
- Si un compañero de piso está fregando el suelo descalzo.
- Si todos los productos de limpieza son marca "Tesco value" (que vendría a ser como los productos más tirados de marca "Carrefour").
- Si notas humedad.
- Si el papel del wáter parece de lija (y eso, si está seco).
- Si hueles humedad.
- Si los compañeros de piso, supuestos estudiantes, parecen demasiado mayores para seguir yendo a la universidad.
- Si hueles la humedad en el pasillo
- Si la hueles ya en las escaleras, antes de llegar al servicio.
- Si la sientes cada vez más dentro de ti.
- Si hay mucho polvo por el suelo.
- Si el salón está desangelado.
- Si al cabo de un rato, te sigues pelando de frío.
- Si al abrir la puerta de tu habitación para salir sientes de nuevo la humedad pegada en la pituitaria.
- Si ves moho.
- Si sientes más asco de lo normal, a pesar de que tus estándares de limpieza no sean muy altos.
- Si ves un cepillo de dientes con un pelo adherido entre las cerdas.
- Si el suelo del cuarto de baño está permanentemente encharcado.
- Si los que viven ahí te dicen que acaban de encontrar el aspirador hace una semana (y llevan cuatro meses viviendo en el piso).
- Si se extrañan de que los compañeros que van llegando al piso duren poco.
- Si te dicen que se han marchado sin avisar.

Et cétera, et cétera, et cétera...

Aquí, un pequeño ejemplo de lo que es el cuarto de baño (y no representa ni una décima parte de la realidad):



Esto es del techo, la de abajo corresponde a la bañera:



En fin, éste es el panorama con el que nos hemos encontrado nada más llegar a Durham. Gracias a Dios, yo no me quedo, pero quienes se ven obligados a tener que vivir aquí lo pasan realmente mal. Aún no me he duchado. Lo voy a intentar hoy, pero no sé si voy a logarlo sin vomitar antes. Mi gran dilema es que no sé hasta qué punto no lavarse puede llegar a resultar más higiénico. En fin, creo que a pesar del asco no me va a quedar más remdio que tragarme mis escrúpulos.

Ayer llegó otra chica nueva, una india. A ver cuánto dura. El dueño la tuvo esperando una hora delante de la puerta de la casa, ya de noche y a una temperatura de unos cero grados, antes de acudir a la cita. La anterior fémina que hubo, por lo visto, también se fue antes de Navidad.

Como en nuestro caso, el landlord llegó en su flamante Mercedes, aunque esta vez venía bien vestido pues no acababa de salir del gimnasio.

Los inquilinos permanentes, esos que no abandonan la casa ni con calzador, son dos buenos ejemplares: un indio anoréxico y un inglés chalao que habla con un acento de geordie que no se le entiende. El indio, a pesar de que no sabemos cómo puede mantenerse en pie alquien que carece de cintura, aún parece majo. El Chalao, también parece simpático, pero es un estudiante que aparenta demasiados años para ser estudiante y al que se le ve que algo le falla en la cabeza. Por ejemplo, se ha comprado un libro en español que no puede leer porque no sabe español. ¿Dónde está la lógica? Sinceramente, creo que el Chalao podría ser un personaje escapado de un libro de Lewis Carroll, quizás el primo universitario del Sombrerero Loco (los razonamientos extraños ya los tiene). Uno de esos personajes que te resultan entrañables a la par que causan un no-sé-qué-qué-sé-yo raro.

Qué gran país es el Reino Unido. Solo una sociedad como la británica puede presentar una dualidad tan marcada, tan Jekyll y tan Hyde, entre lords sobrios con bombín de los del té a las cinco (he visto uno, lo juro) y chavs y neds -los chavs escoceses- a lo Vicky Pollard, que han alcanzado el máximo nivel posible de alcoholismo. Eso sin contar con el amplio abanico de clase media donde entran todo tipo de edades, razas, religiones, costumbres y grados de cordura.


Eso sí, todo ello cubierto de un cierto matiz literario. Hasta el moho.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Long Lasting VS Fresh Milk

Estando en Escocia le cogí el gusto a una costumbre muy británica: Tomar el té con leche y miel; así que el otro día, para desayunar, decidí preparme una taza de mi gran "descubrimiento". Pues bien, supongo que siguiendo una relación de ideas me puse a pensar en una de las grandes diferencias culturales que existen entre los británicos y nosotros, aparte de las moquetas, la costumbre de abrigarse poco, los litros de cerveza en vena y la obsesión por los productos ecológicos y dietéticos. Se trata que ni más ni menos que de la leche fresca. Porque... ¿alguien puede explicarme qué tienen contra la leche pasteurizada, a la que por cierto simplemente llaman long lasting (de larga duración)?

Hagamos un repaso histórico para memorias jóvenes como la mía: Yo recuerdo que cuando era una cría (debía tener menos de diez años, seguro) hubo una temporada en la que no hacía más que repetirse por la televisión un anuncio sobre los beneficios de beber leche pasteurizada. Aunque no estoy segura de ello creo que era un anuncio institucional, algo así como el "Póntelo, pónselo" de los condones; un anuncio de un estilo muy propio de los gobiernos socialistas. Lo que mejor recuerdo de dicho anuncio es precisamente el mensaje: para no coger enfermedades terribles y tener buena salud, usted ha de beber siempre leche pasteurizada. Y caló, porque a partir de ese momento casi no se volvió a probar la leche fresca en España. Desde entonces ya solo es cosa de pijo-progres pseudo-alternativos. Quizás podría considerarse una de las campañas de publicidad más efectivas, junto con la del tetrabrick.

En fin, pues el caso es que parecía que habíamos progresado, que habíamos dado un paso más, que esto nos acercaba un poco más al primer mundo... y a Europa, por supuesto.

Pero que decepción, años después, al llegar a la Gran Bretaña. La gente bebe y bebe leche fresca (y beben MUCHA) y parece que nunca les pasa nada. No se cogen enfermedades terribles, que es lo que a mí se me quedó grabado de aquel anuncio. Ni siquiera alguna cagalera de vez en cuando. O al menos no lo dicen... o al gobierno no le importa. ¿Por qué?, ¿dónde está el fallo: en ellos o en nosotros?, ¿somos nosotros muy exagerados o es que los británicos son unos inconscientes?, ¿y qué pasa en el resto de Europa?, ¿será ésta una de esas cuestiones que responden más a razones antropológicas o sociológicas que a las estrictamente nutricionales y sanitarias?

Lo que me lleva a otra reflexión: ¿Por qué cuando compras un paquete de carne en el Reino Unido le ponen la banderita de turno -ya sea la Union Jack, o la escocesa, la inglesa, la galesa o la irlandesa- para demostrar que es garantía de calidad?, ¿es que ya nadie se acuerda de las "vacas locas"?, ¿por qué ese orgullo patrio en los alimentos?, ¿y cuánto pesan los motivos económicos?

Quizás no sea demasiado relevante, pero los productos que se venden en un supermercado nos pueden hacer grandes revelaciones sobre la cultura, los usos y y las costumbres de un pueblo.

Otro de los grandes referentes, probablemente, sea la televisión.

jueves, 21 de agosto de 2008

"Edimburgo es una fiesta", decían...

Coger a tiempo el autobús de la línea 35 de los Lothian Buses de Edimburgo es siempre muy complicado, pero en agosto es aún peor. No puedes quedar con la gente en el centro de la ciudad, especialmente en el casco antiguo, a no ser que desees morir arrollado por la multitud... y no es mi caso. Tampoco puedes aspirar a que el Pizza Hut conserve el buffet libre del mediodía o que aquel restaurante tan bueno en el que estuviste celebrando algo hace dos meses siga costando lo mismo. Muchos bares incluso han incrementado el precio de las bebidas y todo está lleno de gente por todas partes a excepción, lógicamente, de los barrios residenciales.  Encima llueve casi siempre y absolutamente cada día está nublado, aunque a veces sale un rayo de sol.

No obstante, por estas fechas Edimburgo está hasta arriba de turistas sedientos de cultura, pues, por razones obvias, no vienen buscando precisamente "sol y playa", para eso ya está España. Vienen buscando lo que les ofrece el famoso Festival Internacional (si queréis leer más cosas que he escrito sobre él, pinchad aquí).

La verdad es que la idea de convertir Edimburgo en la capital de los espectáculos y la cultura cada verano no es mala, pero, sinceramente, creo que se les está yendo de las manos.

Pero primero pongámos un poco en situación:

El Festival Internacional de Edimburgo de teatro, danza, música y demás artes escénicas surgió en los años 40, en plena posguerra mundial -y consecuente depresión-, para alegrarle un poco la vida a la gente; sin embargo pronto empezaron a crecerle los enanos. El mismo año de su inauguración surgió el "Fringe" ("Fleco") como consecuencia de la rabieta de unos cuantos creadores y artistas que no habían sido aceptados en el primer festival. A partir de ahí esto ha sido un no parar y desde que comenzó el nuevo siglo practicamente se ha ido creando un festival por año. Pero sería muy presuntuoso llamarlos a todos ellos festivales, pues la mayor parte se trata más bien de una serie de ferias, salones o congresos y demás eventos similares que simplemente llevan delante el nombre de "festival de".

Pero, en mi opinión, el principal problema que existe en todo esto no es ni la creciente proliferación de "festivales" ni que la ciudad se convierta en inhabitable para los que viven en ella. Más bien diría que se encuentra en el exceso de oferta: existe una cantidad tan amplia y variada de representaciones, actuaciones, nombres, monologuistas, países etc., etc. que uno se acaba perdiendo en medio de tanta locura y tanta entropía cultural. Y no creo que la ciudad dé para tanto. Además, muchas veces los títulos de las representaciones no te dicen nada y algunas comedias y funciones populares son de un carácter muy local, pues se hacen bromas sobre asuntos exclusivamente británicos o escoceses. No estoy diciendo que sea excesivamente caro o que esté mal organizado (de hecho he descubierto que, muy al contrario, la organización es casi perfecta). Mi queja no viene por ahí. Me refiero a que está tan concentrado que es imposible encontrar cosas realmente atractivas, al menos para el común de los mortales... o al menos para mí, que no tengo aspiraciones intelectuales tan elevadas.

De todas formas, aconsejo a los que tengan verdadero interés por acudir algún día que, en primer lugar, se empiecen a informar meses antes de lo qué ofrece Edimburgo en verano y en qué consiste el famoso festival. Es bueno saber con qué te vas a encontrar. Y, en segundo lugar, que compren las entradas con muuuuucha antelación, pues es muy frustrante intentar conseguir algo unas semanas antes y que esté todo cubierto hasta finales de agosto. Lo digo por experiencia. Otra solución sería ser un periodista especializado en cultura y que te envíen a curbrir el festival de Edimburgo pero, no nos engañemos, las posibilidades son mínimas.

Por cierto, desde poco antes de que llegara el verano, y especialmente ahora que estamos en medio de todo el lío, me he acordado mucho de un titular que leí hace exactamente un año en algún periódico o revista española: "Edimburgo es una fiesta" rezaba, y qué razón tenía. Pero una fiesta que le queda grande.