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jueves, 23 de abril de 2009

La extrema derecha española en Europa


Buceando por Internet con la intención de informarme mejor sobre las próximas elecciones europeas y las opciones que se presentan, me he encontrado con esta interesantísima noticia que creo que es importante que refleje aquí: Para que se vea como respira la ultraderecha española; que aunque casi imperceptible, existe:

"La extrema derecha en España: ni Turquía ni mundialización"

La noticia se acompaña de este vídeo: Un discurso de representantes de Falange Española ante miembros de la Alianza Nacional Búlgara. Juzgadlo vosotros mismos:


lunes, 4 de agosto de 2008

Guarrerías deliciosas para beber

Recuerdo que cuando era pequeña había una bebida que me entusiasmaba, la Cherry Coke. Este refresco era la típica Coca-Cola de siempre pero con un toque a cereza que le daba un sabor entre ácido y dulzón, ciertamente bastante adictivo para mi paladar de 8 o 9 años (no me acuerdo muy bien de la edad que tenía, lo siento). Al igual que pasó con aquel helado de Frigo, el Tubi-Tabi, que estaba lleno de colorantes y venía en una especie de tubo de pasta de dientes gordinflón; yo debía ser la única persona en España que consumía Cherry Coke, así que al poco tiempo la retiraron del mercado. Y el Tubi Tabi también.

Éstas son dos de mis frustraciones infantiles. Recuerdo haber experimentado un sentimiento de injusticia terrible, porque si yo compraba estos productos, el resto de la gente tenía que hacerlo también. Era imposible que se resistieran a tal manjar de dioses y, si lo hacían, es que no eran personas normales. Seguro.

Sin embargo, al llegar al Reino Unido me he reencontrado con mi pasado, con mis sueños de infancia, y he podido volver a probar la Cherry Coke y ser feliz de nuevo (no sé si algún día el destino querrá que me tope de nuevo con el Tubi-Tabi). Y es que, aquí en UK, no solo consumen variantes raras de Coca-Cola y Fanta ,con y sin cafeína y azúcar, sino que también beben cosas como Dr. Pepper (un refresco muy popular americano parecido a la Coca-Cola pero más dulce), dandelion & burdock soda (refresco de diente de león y arctium), ginger beer (refresco de jengibre), root beer (un refresco hecho a base de raíz, también americano, que sabe a Oraldine y cicatriza las heridas de la boca), cream soda (refresco de crema) y así mil variantes más. Por no hablar de todas las combinaciones posibles entre todo tipo de frutas del bosque. O entre jengibre y limón o frutas del bosque. Es un no parar.

No obstante, de todas ellas mis favoritas son dos: Orangina y Irn Bru. La primera es un invento francés y se consume en casi toda Europa (aparte del país galo, en Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Reino Unido, por lo menos); consiste en un refresco de sabor naranja, bastante intenso por cierto, que lleva incluídos trocitos de pulpa. Le da mil vueltas a la Fanta y creo, sinceramente, que a pesar de lo reacios y carcas que somos los españoles a probar sabores nuevos, tendría bastante éxito en nuestro país si se importase. Además, como he dicho, es made in Europe.
Por otra parte está el Irn Bru: no es ninguna exageración decir que es la segunda bebida nacional de Escocia, detrás del whisky, y la primera en consumo popular. De hecho, en ese sentido, ha estado siempre por encima tanto de la Coca-Cola como de la Pepsi y es casi tan antiguo o más que la primera. Sus peculiaridades básicamente son tres: por un lado lleva cafeína y azúcar; y por otro, su caracterísitico color anaranjado se debe a que el tercer elemento imprescindible en su composición es el hierro... por eso lo de "Irn" del nombre ("iron" = "hierro"). Además, por lo visto, es ideal para las resacas, y de resacas los escoceses saben mucho.

En fin, que no sé qué voy a hacer cuando vuelva a España, vaya al supermercado y me dé cuenta de la pobreza de los estantes de refrescos. Desde luego voy a echar mucho de menos la Orangina y el Irn Bru y, por supuesto, la Cherry Coke. Pero bueno, al menos sé que un nuevo mundo de verduras, frutas, pescados, legumbres y demás comida sadulable (¡y embutidos!) se abrirá ante mí a precios "razonables". La verdad es que pasar del mundo lipoglucénico británico al paraíso mediterráneo tampoco está nada mal.

Ay, qué rico estaba el Tubi-Tabi...

viernes, 6 de junio de 2008

El Legado de la Lengua (de las lenguas).

Las lenguas son parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, y qué pena cada vez que se desata la polémica al esgrimirse éstas como bandera de opiniones políticas... como arma arrojadiza. Lo que más me molesta de este tipo de asuntos es que siempre se intente medir la "necesidad" de una lengua basándose solamente en el número de hablantes que ésta posee.

En primer lugar que la (mal llamada) importancia de un idioma -o si se quiere, su relevancia a nivel internacional- no se debe exclusivamente a la cantidad de gente que lo tiene como lengua materna. Sino que también existen otras cuestiones a tener en cuenta como, por ejemplo, el legado escrito que dicho idioma nos ha dejado, o lo que es lo mismo, la literatura. O también la importancia intelectual del mismo, su uso práctico en el día a día, el número de personas que lo tienen como segundo idioma o la extensión, y no sólo la cantidad, de las personas que lo hablan. Los parámetros son múltiples. Si solamente atendiéramos a cuestiones cuantitativas, el italiano, p.ej., que en mi opinión es una lengua bellísima, no debería ser estudiado ni en la sexta pate de las academias y escuelas de Europa. El italiano como lengua materna, señores, "sólo" consta de 65 millones de hablantes (según datos de la Wikipedia italiana); sin embargo, dicho número se incrementa bastante si se tiene en cuenta la cantidad de gente que la utiliza como lengua de cultura; pues el italiano ha legado a la Humanidad grandes escritores como Petrarca, Dante, Bocaccio, Pirandello, etc.; artistas como Miguel Ángel, Rafael, Leonardo o Caravaggio; intelectuales como Umberto Eco y suma y sigue (Italia también nos ha traído a Berlusconi, para nuestra desgracia, pero eso es otra cuestión).

Siguiendo al pie de la letra estos mismos criterios que he mencionado antes, tampoco el holandés, el sueco, el finés, las lenguas gaélicas, el serbocroata, el latín o el griego, por poner un ejemplo, tendrían ninguna utilidad. Tan sólo deberíamos molestarnos en aprender inglés, o a lo sumo, inglés, mandarín, español, francés, alemán, ruso y árabe porque... ¿para qué más? Por esa regla de tres tampoco sería necesario ofrecer servicios a los hablantes de dichas lenguas en sus respectivos idiomas minoritarios porque ellos ya saben otros más útiles. Por ejemplo, todos los flamencos saben inglés, los andorranos son perfectamente capaces de expresarse tanto en francés como en castellano, la mayor parte de la población de los países eslavos entiende y escribe el ruso y cualquier escocés de cualquier isla remota de las Highlands es perfectamente competente en inglés. Lo mismo pasa con los nativos de retrorromance, los noruegos, los gallegos, los catalanohablantes, los vascos o los corsos. Y en Sudamérica, el español lo entiende todo o casi todo el mundo independientemente de si su lengua de origen es el quechua, el aimara, el mapuche, el guaraní o lo que sea (¡hasta los brasileños lo entienden más o menos!).

No señores. Esa no es una manera correcta de pensar. O, como mucho, diremos que no es realmente tolerante y respetuosa. Negarle al hablante de un idioma los servicios en su lengua materna porque puede entender, escribir y expresarse en otra es negarle su propia igualdad y el derecho a hacer uso de lo que es suyo para expresarse. De lo que, al fin y al cabo, la cultura y la historia de la sociedad en la que ha nacido y vive le han legado.

Todo lo demás son cuestiones políticas.

domingo, 25 de mayo de 2008

Uribarri, Ecce Homo! (y otras eurotribulaciones)

Por suerte o por desgracia he venido a pasar estos eurovisivos días a España y, como no, me he tragado de pleno a Chikilicuatre y compañía. Al principio no quería saber nada pero finalmente no pude evitar el morbo de verlo actuar en directo ni tampoco perderme lo mejor del festival: las votaciones.

Pero me alegro de haberlo visto sólo por una cosa, o mejor dicho, por una persona: Ecce Homo, José Luis Uribarri. Qué hombre, qué portento. Si le dieran un euro por cada vez que acierta en las votaciones sería millonario. Luego lo justifica diciendo "es que son muchos años, señores...". Desde luego, la experiencia es un grado. Ayer me reí todo lo que quise y más con comentarios como éste: "¡¡¡cuatro puntos para España!!!, ¡¡¡graciaaaaas!!!" o "10 a Bosnia y 12 a Serbia, venga, venga... ¡venga!, ¡¡¡hazme feliz!!!, ¡¡¡síííí!!!" ¡y el tío las acertaba todas!, ¡como las quinielas! Personalmente, creo que tendrían que darle un cargo en la Unión Europea o algo así porque este tipo sabe más de cómo funciona Europa que muchos políticos.

Aunque lo mejor de todo no son sus satíricos y jocosos comentarios, sino el tonillo de fan despechado que emplea cada vez que narra las votaciones. Es como si dijera "ya que no vamos a ganar, visto lo visto, a ver si acierto cuantas más quinielas mejor para mi propia satisfacción personal". Esa mezcla entre hartazgo, humor, ironía y tristeza me fascinan. Sólo alguien como él se lo puede tomar tan en serio... bueno, él y algunas otras extrañas excepciones de este país que todavía se toman a pecho todo aquello y viven y vivirán siempre con la nostalgia del La, La, La... Quizás sea por diferencias generaciones, pero tanto lloriqueo por los tiempos pasados me resulta más que casposo. Menos mal que al Sr. Urribarri todavía le queda mucho tiempo de ironías eurovisvias porque el día que este hombre deje de narrar el festival, se morirá de pena.... y ya nada será lo mismo.

Por otra parte, no quería despedirme sin poner un enlace a la que, en mi opinión, ha sido la mejor canción de este año y, desgraciadamente, la peor parada (¡peor que España!): la del Reino Unido (don't worry, Britons. Maybe next time...):



Ni tampoco al estridente pavo de Irlanda, que el pobre no llegó a la final (the best eurosong ever!):

Dustin, The Turkey