Mostrando entradas con la etiqueta Lenguas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguas. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de abril de 2009

Los sufrimientos de un estudiante de catalán...


...para aprender a utilizar correctamente los pronoms febles (pronombres débiles) nunca son suficientes. ¿Cómo es posible que una lengua tenga tantos y una posibilidad tan amplia de combinaciones? De hecho, ¿alguien ha pensado alguna vez que el Pronombre sea un elemento tan difícil de digerir antes de haberse topado con el catalán? Y menos mal que somos castellanohablantes, que partiendo de una base anglófona, por ejemplo, esto debe ser infumable del todo. Luego dirán que el castellano está en peligro en Cataluña... pero por lo pronto los exámenes de gramática castellana deben ser bastante más fáciles que los de la catalana y, por lo tanto, más amigables. Además, teniendo en cuenta la influencia que el idioma español ha tenido y sigue teniendo en el catalán, cuesta creer lo que no ocurra sea lo contrario.

Pero volviendo a mi queja: ¡No, no exagero con el tema de los pronombres! Así a voz de pronto, mirando una lista que nos han dado en clase, calculo que existen más de 150 combinaciones posibles contando con las diferentes abreviaturas y posiciones (delante o detrás del verbo) derivadas de tan solo 13 pronombres (si es que he contado bien). Claro que esto solo es un cálculo hecho a ojo a raíz de lo que pone en la fotocopia que hay encima de mi mesa. Para datos de mayor exactitud, pregunten a un filólogo -si es que alguna vez los han contado-.
Podría poner ejemplos aquí con que ilustrar esto para que los no catalanohablantes o estudiantes lo entendieran mejor, pero no tengo ni tiempo, ni ganas ni capacidad suficiente como para ponerme a explicar aquí los porqués... Si les intriga mucho, les animo a estudiar esta preciosa lengua que, por lo demás no es tan dificil.

I ara, una bonica foto per il·lustrar-ho:

jueves, 31 de julio de 2008

Hablando y escuchando sin prejuicios

El otro día, como normalmente suele pasar con Internet, me encontré con un blog curioso: uno de los pocos sitios en los que se habla de la convivencia entre el castellano y las otras lenguas de España sin sacarle los ojos a nadie. Es sorprenderte encontrarse hoy en día a alguien como Mari Luz Peinado que sea capaz de tratar el tema con un mínimo de seriedad y objetividad, dejando los sentimientos patriotas a un lado.

Estaría bien echarle un ojo.

Por cierto, tanto la foto como el título de mi entrada son suyos.

viernes, 6 de junio de 2008

El Legado de la Lengua (de las lenguas).

Las lenguas son parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, y qué pena cada vez que se desata la polémica al esgrimirse éstas como bandera de opiniones políticas... como arma arrojadiza. Lo que más me molesta de este tipo de asuntos es que siempre se intente medir la "necesidad" de una lengua basándose solamente en el número de hablantes que ésta posee.

En primer lugar que la (mal llamada) importancia de un idioma -o si se quiere, su relevancia a nivel internacional- no se debe exclusivamente a la cantidad de gente que lo tiene como lengua materna. Sino que también existen otras cuestiones a tener en cuenta como, por ejemplo, el legado escrito que dicho idioma nos ha dejado, o lo que es lo mismo, la literatura. O también la importancia intelectual del mismo, su uso práctico en el día a día, el número de personas que lo tienen como segundo idioma o la extensión, y no sólo la cantidad, de las personas que lo hablan. Los parámetros son múltiples. Si solamente atendiéramos a cuestiones cuantitativas, el italiano, p.ej., que en mi opinión es una lengua bellísima, no debería ser estudiado ni en la sexta pate de las academias y escuelas de Europa. El italiano como lengua materna, señores, "sólo" consta de 65 millones de hablantes (según datos de la Wikipedia italiana); sin embargo, dicho número se incrementa bastante si se tiene en cuenta la cantidad de gente que la utiliza como lengua de cultura; pues el italiano ha legado a la Humanidad grandes escritores como Petrarca, Dante, Bocaccio, Pirandello, etc.; artistas como Miguel Ángel, Rafael, Leonardo o Caravaggio; intelectuales como Umberto Eco y suma y sigue (Italia también nos ha traído a Berlusconi, para nuestra desgracia, pero eso es otra cuestión).

Siguiendo al pie de la letra estos mismos criterios que he mencionado antes, tampoco el holandés, el sueco, el finés, las lenguas gaélicas, el serbocroata, el latín o el griego, por poner un ejemplo, tendrían ninguna utilidad. Tan sólo deberíamos molestarnos en aprender inglés, o a lo sumo, inglés, mandarín, español, francés, alemán, ruso y árabe porque... ¿para qué más? Por esa regla de tres tampoco sería necesario ofrecer servicios a los hablantes de dichas lenguas en sus respectivos idiomas minoritarios porque ellos ya saben otros más útiles. Por ejemplo, todos los flamencos saben inglés, los andorranos son perfectamente capaces de expresarse tanto en francés como en castellano, la mayor parte de la población de los países eslavos entiende y escribe el ruso y cualquier escocés de cualquier isla remota de las Highlands es perfectamente competente en inglés. Lo mismo pasa con los nativos de retrorromance, los noruegos, los gallegos, los catalanohablantes, los vascos o los corsos. Y en Sudamérica, el español lo entiende todo o casi todo el mundo independientemente de si su lengua de origen es el quechua, el aimara, el mapuche, el guaraní o lo que sea (¡hasta los brasileños lo entienden más o menos!).

No señores. Esa no es una manera correcta de pensar. O, como mucho, diremos que no es realmente tolerante y respetuosa. Negarle al hablante de un idioma los servicios en su lengua materna porque puede entender, escribir y expresarse en otra es negarle su propia igualdad y el derecho a hacer uso de lo que es suyo para expresarse. De lo que, al fin y al cabo, la cultura y la historia de la sociedad en la que ha nacido y vive le han legado.

Todo lo demás son cuestiones políticas.